La canoterapia es una opción que disminuye el estrés



La canoterapia es una opción para aliviar el estrés y la ansiedad en los niños. La falta de contacto con sus familiares o con otros de su edad, debido a la pandemia, ha generado un impacto emocional en los más pequeños del hogar. Por eso, estas sesiones con animales pueden ayudar a disminuir las consecuencias psicológicas de estos cambios en sus vidas.

Kaio y Pisco son dos perros utilizados en esta terapia. El primero es un labrador que se caracteriza por su alegría, por lo que es adecuado para trabajar con niños que necesitan mucha energía o para quienes sufren depresión. Pisco es un pitbull más tranquilo y paciente, ideal para casos de pacientes con ansiedad.

Emilia Valdez, propietaria de Kaio Canoterapia y psicóloga clínica con maestría en terapia infantil y juvenil, cuenta que ambos perros fueron entrenados desde pequeños para dar acompañamiento en estos procesos terapéuticos. Han trabajado con niños con dificultades de aprendizaje, de socialización o, incluso, que tienen miedo a los animales.

En esta época de aislamiento y poco contacto con otros, dice Valdez, es común que se presenten problemas de ansiedad o trastornos de conducta. Este tipo de terapia es beneficiosa, ya que los menores tienen contacto con otro ser vivo, juegan, se distraen y se olvidan por un momento de la situación actual. Estas sesiones duran máximo una hora, dependiendo del objetivo, y se implementan protocolos de bioseguridad.

Valdez dice que la idea es que el perro sea un “canalizador de emociones”. Durante la sesión, se realizan varias dinámicas. Por ejemplo, el niño puede contarle sus problemas al animal o leerle un cuento con la intención de que se forme un vínculo entre los dos.

Fabiola Jiménez, máster en Etología Clínica, técnica en terapia asistida y entrenadora de perros de asistencia, actualmente se dedica al entrenamiento y selección de los animales en Canoterapia Ecuador. Durante este período, cuenta, han llegado varios pacientes con estrés por el encierro y otros que han perdido a sus familiares más cercanos.

Esta terapia puede servir como un acompañamiento en el duelo. Uno de los casos que recuerda es el de un niño de cuatro años que perdió a sus abuelos maternos y paternos, que eran los que lo cuidaban mientras sus papás trabajaban. Jiménez explica que, antes de recomendar este tipo de terapia, el paciente debe ser evaluado por el especialista. El psicólogo o terapeuta es quien plantea los objetivos específicos y, con base en esto, se planifican las sesiones.

En este centro se cuenta con la ayuda de cinco perros. Tres son de terapia y los demás aún están en entrenamiento. Chavo, por ejemplo, es muy paciente, mientras que Ruso es ideal para ejercicio físico. Petunia es de gran ayuda para niños con complicaciones de lectura, ya que puede concentrarse y escuchar a los pequeños mientras le leen un cuento. Jiménez dice que lo más importante es que los animales sean amigables, tolerantes y no presenten signos de agresividad con otras personas o perros.

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